jueves, 12 de septiembre de 2013

Matías

En uno de los muros del salón están los grandes espejos para poder observar los movimientos, en otro se alzan las barras de ejercicios, en el piso los colchones y en una esquina se apilan cuidadosamente cojines, cuñas, pelotas de colores y tamaños diversos.
Desde temprana hora parece una colmena con el ir y venir de alumnos y sus madres – ya que rara vez aparece un padre, cuando lo hay-. No falta la música que por ratos es de fondo y en otros tramos el volumen acompasa los movimientos.

Las sesiones de ejercicios y entrenamientos son rápidas, no se completa la hora y en ese lapso disciplinadamente las madres asean los espacios antes y después del turno de los hijos. Hay algarabía pero también lamentos y aún llantos.


En este día, al término de la sesión que tuvo calentamiento, masajes, ejercicios y juegos, el pequeño Matías acabó con gran sonrisa en su rostro. Quería demostrar su alegría haciendo morisquetas y gracias con sus manos, empeñó su mejor esfuerzo para demostrarlo a su entrenador y le miraba fijamente a los ojos esperando en retorno una mueca de gratitud y reconocimiento a sus avances, pero ella no llegaba. Matías no pudo comprender que su terapeuta es invidente.


CAM Santa María Ahuacatitlán.
12 de septiembre de 2013

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